El fenómeno Franco Colapinto trasciende las calles: miles de personas colmarán Palermo para verlo girar en un Fórmula 1, un Lotus E20 de la temporada 2012, ploteado como el actual Alpine A526. Sin embargo, este impacto masivo es solo una parte del fenómeno.

Colapinto también atrae a las marcas, que han apostado por su proyección en los últimos años, y está impulsando el automovilismo nacional desde sus bases. Mientras tanto, en la cúspide, los pilotos consagrados celebran la llegada de un público nuevo, un capital que ahora los dirigentes deberán saber sostener y fortalecer en las categorías locales.
Antes de Colapinto, Norberto Fontana, de 51 años, era uno de los últimos argentinos en llegar a la Fórmula 1, en 1997. “Creo que el efecto de Franco ha sido muy positivo para el automovilismo en general, porque nuevamente tenemos un piloto argentino en la Máxima. Esto sirvió tanto para el automovilismo nacional como para los chicos que sueñan con competir en el exterior”, afirmó a Clarín.
Su visión se sustenta también en la experiencia con su hijo Mateo, de 10 años, quien compite en la categoría Rotax Karting. “Se percibe mucho entusiasmo en las bases: en el karting, en las fórmulas”, señaló. Y añadió: “El efecto es evidente, reflejado en el evento que van a realizar, el show en las calles de Buenos Aires, con la gran cantidad de entradas vendidas”.
En la misma línea, Agustín Canapino, pentacampeón vigente del Turismo Carretera (TC), aseguró antes del inicio de la temporada que “el automovilismo argentino está en su mejor momento”, gracias a Colapinto en la Fórmula 1, Nicolás Varrone en la Fórmula 2 y su propia experiencia en la IndyCar durante 2023 y 2024. “Estamos en un auge y esto es beneficioso para todos los que vivimos del automovilismo”, destacó.
Para Canapino, “es una gran motivación para los jóvenes que quieren llegar lejos, pero deben entender que es necesario mucha dedicación y sacrificio, porque nada es fácil ni gratis en esta vida”.
Esa motivación en los chicos es lo que más emociona al propio Colapinto: “Cumplí mi sueño y ver que generé algo tan lindo en ellos, que empezaron a ir al kartódromo, a aprender más, no solo se volvieron fanáticos, sino expertos, es especial. Saber que tengo algo que ver, aunque sea pequeño, me llena”.
Recordó cuando, a los 7 años, recorría los boxes del TC con el sueño de conocer un piloto. “Sé exactamente cómo me sentía y se me escapa una lágrima al pensar que puedo devolver esa emoción. Los chicos me generan algo muy lindo y especial. Siento que les estoy dando lo mismo que yo sentí cuando era chico y tenía tantos ídolos en el automovilismo”, relató horas antes del histórico show en Buenos Aires.
Christian Ledesma, campeón de TC en 2007, indicó que lo particular del efecto Colapinto es que no solo moviliza a los fanáticos del automovilismo, sino también a personas que no son fervientes seguidores de las carreras. “A mí me gusta el fútbol pero no me apasiona. Sin embargo, para un Mundial dejo todo y me organizo para ver los partidos. Creo que para quienes no son seguidores del automovilismo, pasa algo similar con Colapinto”, explicó.
“Sobre todo en los chicos que empiezan a correr en karting o jóvenes, despierta la ilusión de llegar algún día a la Fórmula 1, como todos tuvimos. Después, el automovilismo te va guiando hacia el lugar donde puedes quedarte. Es clave que el automovilismo capitalice esto y celebro los esfuerzos por acercar esta pasión a la gente, en este caso a través de Colapinto”, añadió.
Para Facundo Ardusso, referente local en TC, Turismo Nacional y Turismo Carretera 2000, “lo que generó Colapinto es justamente lo que el automovilismo argentino necesitaba desde hace tiempo: no solo reavivar a los fanáticos de siempre, sino atraer a un público nuevo”.
“Un argentino compitiendo al más alto nivel mundial vuelve a despertar el interés por el automovilismo. Ahora el desafío es sostener este impulso, aprovechar este momento para acercar el deporte a la gente y hacerlo crecer, porque si no, todo quedará en algo pasajero. Cuando la gente se siente parte, todo es positivo”, agregó.
A nivel internacional, el impacto ya es palpable. Nicolás Varrone, por ejemplo, fue uno de los beneficiarios del interés que generó Colapinto; empresas que no pudieron sumarse a su proyecto redirigieron su mirada hacia otros pilotos con proyección. Esta semana, en la presentación de Alpha54, el equipo argentino de Fórmula 4 italiana, el Automóvil Club Argentino (ACA) retomó su rol como sponsor luego de 50 años, retomando el legado de Carlos Alberto Reutemann.
“Renovamos una tradición del Club de servir como trampolín para impulsar a jóvenes pilotos y que tengan éxito en el automovilismo mundial, como lo hizo en su momento con Fangio, Froilán, Reutemann y más recientemente con Colapinto”, destacó César Carman, presidente del ACA.
Así, entre el entusiasmo que volverá a sentirse en las calles de Palermo y los nuevos caminos que se abren en las categorías formativas y el exterior, el automovilismo argentino enfrenta una oportunidad inédita en años: transformar el impacto de un nombre propio
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