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Lucas Céspedes, trasplantado de corazón a los 20 años: «Mi desfibrilador me salvó la vida hasta siete veces»

En España, según la Sociedad Española de Cirugía Cardiovascular y Endovascular, en 2025 se realizaron 390 trasplantes cardíacos, la cifra más alta registrada hasta la fecha. Lucas Céspedes, de 22 años, y su madre, Isabel Alonso, de 59, fueron sometidos a trasplantes de corazón en el Hospital Bellvitge con solo dos meses de diferencia, ambos debido a una enfermedad congénita. En el caso de Lucas, las arritmias que podía sufrir le generaban un riesgo constante de muerte súbita, además de síntomas que empeoraban día a día. “Yo he llevado una vida normal, pero Lucas estuvo delicado desde pequeño”, explica su madre.

Lucas Céspedes, trasplantado de corazón a los 20 años: «Mi desfibrilador me salvó la vida hasta siete veces»

Debido a estos episodios de muerte súbita, que en un 88% son causados por cardiopatías, a Lucas le implantaron un desfibrilador a los cinco años, dispositivo que le ha salvado la vida en siete ocasiones. “Era curioso porque el aparato era muy grande y yo muy pequeño”, comenta. Madre e hijo mantienen una actitud alegre y recuerdan que, a pesar de la enfermedad, la infancia de Lucas fue lo más normal posible. “Era un niño muy maduro y sabía que tenía una enfermedad. Nunca quisimos que se viera como ‘el enfermo’, por eso adaptábamos todo para que no se sintiera diferente”, afirma Alonso.

La insuficiencia cardíaca hacía que Lucas apenas pudiera realizar esfuerzos físicos. “Con 120-130 pulsaciones podía sufrir un episodio de muerte súbita y para alcanzarlo bastaba con correr un poco o subir escaleras”, relata. Para evitar largas caminatas, el joven utilizaba una patineta eléctrica en el colegio y siempre tenía presente una consigna: “Si te cansas, para”. “Mi madre confió en que a los cinco años entendiera que no podía jugar como los demás; fue un acto de fe enorme”, añade.

A los 18 años, su estado comenzó a agravarse. Tras un episodio de muerte súbita detenido por el desfibrilador, una revisión médica determinó que los parámetros cardíacos estaban muy alterados. “Lo que había sido un parche durante años ya no funcionaba. La situación era mucho más delicada”, afirma Lucas. Ingresó en la lista de espera para trasplantes, un periodo que él describe como especialmente difícil. “Por mi edad y grupo sanguíneo fue muy complicado encontrar un donante. Mi situación era muy precaria y hasta que no llegara un órgano, no había solución”, comenta.

Esta etapa coincidió con la preparación para la selectividad. “Pude adaptarme gracias al apoyo de mis amigos, familia y profesores”, señala. Lucas recuerda que iba en taxi hasta el colegio para presentar los exámenes y sus amigos le llevaban la mochila porque no podía cargarla. Además, los profesores sabían que debía tener el móvil a mano para recibir una posible llamada avisando de la disponibilidad de un corazón para trasplante.

Para Isabel Alonso, la confianza en su hijo y el apoyo constante del entorno fueron clave para que Lucas pudiera afrontar la selectividad y la espera del trasplante. Mientras tanto, la salud de Isabel también empeoró, por lo que en el Hospital Bellvitge decidieron adelantar su trasplante. Los tiempos de espera varían según el tipo de paciente: Lucas tardó tres años en recibir un donante, mientras que su madre obtuvo un órgano en solo cuatro días. “Me avisaron para tres trasplantes; en el primero el órgano fue para otra persona y en el segundo, justo antes de entrar a quirófano, el corazón falló. Fue muy duro”, relata Lucas.

Finalmente, a los 20 años, Lucas fue trasplantado exitosamente y, dos meses después, su madre también recibió el trasplante. Este proceso los ha unido más que nunca. “Hemos compartido el año más difícil: medicación, alimentación, hospitales… Antes vivíamos con miedo constante a la muerte súbita, ahora todo ha mejorado mucho”, afirma Isabel.

Aunque iniciaron un nuevo capítulo en sus vidas, el cuidado y el control médico siguen siendo esenciales. “Tenemos las defensas muy bajas y no podemos bajar la guardia. Ya estábamos acostumbrados a cuidarnos desde antes del trasplante”, destacan.

Tanto Lucas como Isabel mantienen presente la relación con sus donantes. “Nunca podremos estar suficientemente agradecidos a los donantes y a sus familias. En el peor momento de sus vidas decidieron donar; una decisión difícil y de un gran valor”, expresa Isabel. Por su parte, Lucas confiesa que este agradecimiento forma parte de él. “Cada día intento dar lo mejor para mi corazón y mi cuerpo, pensando que si alguna vez la familia del donante pudiera ver qué ha pasado con el órgano que me dieron, se sentirían orgullosos”, concluye.

Así, un trasplante de corazón representa mucho más que una cirugía: es una nueva oportunidad de vida, siempre con el recuerdo vivo de quienes hicieron posible ese regalo.

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