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Georgina Amorós, actriz, 28 años: “Si pudiera, me tomaría un vino con mi abuelo; me quedé con muchas ganas de saber más de su vida”

Georgina Amorós (Barcelona, 1998) confiesa que le resulta difícil imaginar la vida sin el salitre y el horizonte del Mediterráneo. Aunque su carrera la ha llevado a residir en Madrid y Los Ángeles, la actriz siempre encuentra el camino de regreso a casa, especialmente cuando el buen clima se instala en la Ciudad Condal.

Georgina Amorós, actriz, 28 años: “Si pudiera, me tomaría un vino con mi abuelo; me quedé con muchas ganas de saber más de su vida”

Su trayectoria, que comenzó casi como un juego en la infancia, la ha consolidado como una de las voces más sólidas y conscientes de su generación. Desde la vulnerable y compleja Cayetana, personaje que la cautivó en Élite, hasta su participación en proyectos como la recién estrenada serie El homenaje, producida por SkyShowtime, su evolución ha sido, en sus propias palabras, “una carrera de fondo con altibajos, que con los años se entiende de otra manera, con más conciencia”.

Esta conciencia se refleja en una filosofía de vida donde la lealtad y la familia elegida son pilares fundamentales. En un mundo marcado por la inmediatez y las apariencias digitales, Amorós apuesta por lo tangible: el producto local, los sabores auténticos y la tranquilidad de un mercado de barrio.

Sin considerarse una experta en la cocina, se define como una entusiasta del cuidado a los demás, que disfruta agasajando a sus seres queridos a través de la comida. Convencida de que el tiempo es el mejor aliado para que surja la complicidad y los vínculos se fortalezcan, sostiene que “con el tiempo entiendes mejor a la persona, con todas sus capas, tanto lo bueno como lo difícil”.

Hace apenas unas semanas, durante el Open Banc Sabadell en el Real Club de Tenis Barcelona, se la vio disfrutar de su ciudad como imagen del licor de flor de saúco St-Germain. Entre partidos y confidencias, la actriz se integró en ese ambiente primaveral donde el tiempo parece detenerse. Ese balance entre la precisión del tenis y la sofisticación de un buen cóctel refleja su propio momento vital: un estado de madurez en el que, tras más de veinte proyectos realizados, se permite elegir dónde invertir su energía, buscando siempre que los rodajes sean una experiencia humana enriquecedora.

Con la mirada puesta en un 2026 cargado de estrenos, como El mapa de los anhelos que llegará en julio, Georgina confiesa que su maridaje ideal está libre de artificios y se basa en afectos y una buena copa frente al mar. Prefiere los vinos blancos frescos, las charlas largas y la improvisación sobre una sólida base de trabajo y preparación. Por su autenticidad, su compromiso con las causas que defiende y su capacidad para relativizar el éxito y centrarse en lo esencial, hoy brindamos con ella para hablar de su trayectoria, los sabores compartidos y los nuevos horizontes que se abren.

—Imagina que hemos quedado a cenar para celebrar tus éxitos. ¿A dónde me llevarías para asegurar una noche inolvidable?
—Te llevaría a Barcelona, a algún sitio en el barrio de Gràcia donde se coma bien y se esté a gusto, sin complicaciones. Últimamente voy mucho a Lombo o a Gabatxo.

—Como buena tauro, valoras la lealtad y lo que es “de tierra”, como tu signo. En la mesa, ¿prefieres los sabores de raíz y el producto local o te dejas seducir por lo exótico?
—Soy más de sabores de raíz. Si voy a un restaurante y encuentro algo que me gusta mucho, suelo repetir plato. Me cuesta salir de ahí porque disfruto lo que sé que me funciona.

—Empezaste muy joven y has admitido que te encantaba estar en los rodajes. ¿Hay algún aroma o sabor que asocies a aquellos primeros pasos en la actuación?
—No recuerdo un plato o dulce concreto de la infancia, pero sí un pequeño ritual: en los rodajes siempre pedía un Nestea. Es como pedir un zumo de tomate en un avión.

—Con 17 años te fuiste a Los Ángeles para formarte. ¿Hubo algún sabor de casa que extrañaste allí?
—Estuve poco tiempo, así que no llegué a extrañar mucho. Pero si algo, fue el producto de aquí: las buenas verduras, poder ir al mercado y encontrar calidad.

—Once años después, tu trayectoria incluye Vis a vis, Élite y Segunda muerte. Si tu carrera fuera un vino, ¿cuál sería?
—Elegiría un tinto con cuerpo y mucha evolución. Empecé muy joven y he ido creciendo poco a poco. Es una carrera de fondo, con altibajos, que con el tiempo se comprende desde otra perspectiva, con más conciencia.

—Esa conciencia no estaba tan clara en Cayetana, tu personaje en Élite, que luchaba por equilibrar las apariencias con la realidad. ¿Hay algún plato que percibas de manera similar?
—¡Una buena pasta! Parece sencilla, pero no lo es. Puede ser espectacular o insípida. En Italia he probado algunas pastas sin sabor, y no hay nada peor que eso.

—¿Te consideras cocinera o prefieres dejar la cocina a otros?
—Me gusta cocinar desde el deseo de agasajar, descubrir recetas nuevas y disfrutar con la gente que quiero. Pero en casa hay quienes cocinan mejor que yo, así que también disfruto mucho comiendo lo que preparan.

—En 2020 trabajaste con Woody Allen en Rifkin’s Festival. Si tuvieses que convencerlo de que el Mediterráneo es el mejor escenario, ¿qué le servirías?
—Brindaría con cava o con un St-Germain Spritz. Algo fresco, ideal junto al mar, con la br

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